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Madrid al Sol (I)

Ayer el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid y el Colegio Oficial de Arquitectos de la ciudad (COAM) nos extendieron una invitación a pensar Sol: un proyecto de reflexión y participación ciudadana que acompaña un concurso internacional de ideas de arquitectura para orientar los diseños y designios de la más famosa de nuestras plazas.

La iniciativa tiene tres fases: (i) el concurso de arquitectura (el resumen de las bases aquí); (ii) un proceso de ‘consulta’ ciudadana, y; (iii) un período de reflexión con los ‘principales implicados’ en la gestión y vivencia de la plaza. (Hay una cuarta fase, una exposición, que en cierto modo da la medida del conjunto: un gesto expositivo que relega la ciudad al escaparate.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vista área, Puerta de Sol. Imagen del Dossier de prensa ‘Piensa Sol’

Lo que sigue es una crítica de la iniciativa, pues aunque ésta se acaba de poner en marcha, a mi entender tiene tantos defectos de base que, sinceramente, siento que la invalidan de raíz.

Las reflexiones que siguen tienen dos partes. En la primera parte apunto errores estructurales, varios muy elementales, que no entiendo cómo se le han podido colar al equipo detrás de la propuesta. La segunda parte la publicaré mañana. Adelanto que en ella me preguntaré si acaso Sol no ha sido pensado ya, por ejemplo por el 15M, como hoy mismo han expuesto desde el Vivero de Iniciativas Ciudadanas; y ahondaré en ese pensamiento inmanente que desde diversos lugares amuebla lo que la ciudad quiere y puede llegar a ser – una forma de hacer ciudad que reclama, no un fatuo derecho de participación, sino el derecho a infraestructurarse.

Doy paso, por tanto, a la primera parte.

I. ERRORES ESTRUCTURALES

1. Tres meses. Tenemos tres meses para pensar y resolver los desafíos que Sol nos plantea hoy. El legado de este ejercicio de reflexión nos acompañará, seguramente, durante décadas. Pero pensarlo, no; ese ejercicio nos lo podemos despachar, nos dicen, en tres meses.

Flaco servicio le hace a la ciudad este pensamiento de urgencia. Si Sol es y queremos que siga siendo un icono madrileño, ¿que sentido tiene querer despachar su futuro en escasamente tres meses?

2. La iniciativa peca de un error clásico de los manuales de participación ciudadana: vender la piel del oso antes de cazarlo. Esto es, se convoca un concurso de arquitectura para resolver problemas que no sabemos si van a ser o no arquitectónicos – pues de eso se trata la consulta, ¿no?, ¿de entender la naturaleza y desafíos sociológicos y urbanísticos que Sol plantea hoy?

Es más que probable que la reforma de Sol exija la participación de arquitectos, pero de ahí a decir que su solución es, inexorablemente, arquitectónica, media un abismo. Y digo que la solución del problema se pre-figura como arquitectónica porque las bases del concurso excluyen a todo aquél que no es licenciado en arquitectura.

3. Sobre el mal llamado proceso de ‘participación’ ciudadana. No lo es bajo ningún concepto. Ni remotamente. Por dos razones de bulto (y otras tantas a las que aludiré en la segunda parte mañana):

(i) Porque es un sinsentido abrir un proceso de consulta que no tiene opción alguna de informar los diseños que se presentan al concurso. La consulta debería preceder, y sus resultados nutrir, la convocatoria y las bases del concurso.

(ii) Porque las redes sociales, por sí sólas, no son instrumento o indicador alguno de participación. También volveré sobre esto mañana. Pero no puedo dejar de decir que no entiendo cómo los sociólogos del Comité Científico han permitido tal grosería sociológica. Sin controles sociológicos y análisis de datos ante- y post (sobre los perfiles de género, grupos etarios, socioeconómicos, movilidad geográfica, visualizaciones y topologías de redes, etc.) las redes sociales no tienen más que un valor anecdótico.

Por no hablar del ‘sondeo‘ con el que quieren tomarle el pulso a… no sé muy bien a qué, pues el sondeo lo conforman tres preguntitas, tres, sin preguntas-control, sin filtros, sin nada. Preguntas, por otro lado, tan sesgadas que no ofrecen información alguna: por ejemplo, “¿Cree que la Puerta del Sol necesita una reflexión para la mejora de la calidad del espacio público?” o “¿Le gustaría que la Puerta del Sol tuviera un área donde sentarse o descansar?”. Dos comentarios muy puntuales al respecto:

(i) Metodológicamente las preguntas están mal construídas. Grave es, sin duda, que su construcción propicie respuestas afirmativas. Pero casi más perverso resulta el silencio ignominioso que se dispensa hacia las personas que optan por responder negativamente. Nadie se preocupa entonces de preguntarnos qué nos lleva a despreciar las cualidades de Sol como espacio público o como área de descanso.

(ii) Y esto se debe, claro, a que los conceptos de ‘espacio público’ y ‘descanso’ atraviesan y fundan los presupuesto metodológicos y teóricos de la propuesta. Nadie sabe muy bien cómo definir el espacio público, pero sí sabemos (esto es, los promotores de PiensaSol) que la Puerta del Sol es un espacio público. El imaginario del espacio público – producto del encuentro, la diversidad, la convivencia, el intercambio, en suma, del urbanismo humanista y cosmopolita de los años 1960-70s – sostiene las posibilidades de pensamiento de Sol. Quizás no sepamos lo que Sol es, nos vienen a decir, pero sí sabemos lo que debe ser.

4. Finalmente, sobre el período de reflexión: ¿reflexión en torno a qué y para qué? Esta claro que no para nutrir el concurso de ideas, pues para entonces estará ya clausurado. ¿Quizás la reflexión sea en torno a las propuestas seleccionadas? Si es así, y en virtud de que los proyectos presentados no tuvieron oportunidad de beneficiarse del proceso de consulta, lo justo sería abrir un período de revisión que les permitiese incorporar las sugerencias y propuestas derivadas de la consulta ciudadana. Parecería lo propio pero…

Por último, no me resisto a comentar el vídeo de presentación de la iniciativa, en el que los integrantes del Comité Científico nos sitúan los desafíos que convocan un pensamiento de urgencia en torno a Sol. Tres observaciones:

(i) En primer lugar el formato y la estética del vídeo. Sobre el primero: seis cabezas parlantes, los integrantes del Comité Científico, diciéndonos qué es, qué ha sido y qué puede ser Sol. Sobre el segundo: me limito a decir que si yo fuera uno de los integrantes del Comité Científico me sentiría ofendido. Los movimientos de cámara, y el trabajo de edición, son bochornosos.

(ii) Por otro lado, no veo la necesidad de circunscribir discursivamente la presentación del proyecto a las opiniones del Comité Científico (las seis cabezas parlantes). ¿No se nos dice y se nos repite que Sol es la más icónica de nuestras plazas: fotografíada, pintada, tuiteada, mediatazada una y cien mil veces? ¿Por qué no incorporar también ese tesoro iconográfico al relato, capaz seguramente de provocarnos y seducirnos más que registros discursivos ya manidos y agotados?

(iii) Por último, y aquí me temo que me va a resultar más difícil no resultar ofensivo, los imaginarios urbanos que pueblan los relatos del Comité Científico se remontan a ese urbanismo cosmopolita al que me he referido arriba: “diversidad”, “multiculturalidad”, “encrucijada”, “espacio público”, “centro excéntrico”… ¿Qué hay de la tecnología, de las redes; de los sistemas de datos ambientales, de las ecologías de infraestructuras abiertas; de los sistemas de vigilancia, las cámaras CCTV, la propiedad de los datos?…

Esto me lleva a la segunda parte de mi crítica, que publicaré mañana.

 

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