Hasta la próxima

Dieciséis años después de aquel primer post de abril de 2010, hoy echamos el candado a Prototyping.

Prototyping nació como un cuaderno de campo en línea. Habíamos empezado una etnografía de Medialab-Prado y necesitábamos un lugar donde pensar en voz alta, donde dejar constancia del asombro que nos producía lo que estábamos viendo: personas que se juntaba para fabricar sensores, gente que hacía arte con código, que convertía las paredes de un centro cultural en superficies de colaboración. No sabíamos muy bien qué era aquello —si innovación abierta, cultura libre, experimentación social, activismo vecinal— y decidimos que lo más honesto era hacer hueco a ese asombro en público. Así que abrimos un blog. Lo llamamos Prototyping porque la idea del prototipo —algo que se comparte antes de estar terminado, una invitación a que otros contribuyan a su desarrollo— nos parecía la mejor descripción de lo que estábamos presenciando. Pero también, sin saberlo del todo, de lo que nosotros mismos estábamos haciendo: prototipar una forma de investigar.

Muy pronto el blog se desbordó. Dejó de ser un diario de campo para convertirse en un laboratorio abierto de nuestras propias preguntas. ¿Qué significaba investigar con y no solo sobre los colectivos que estudiábamos? ¿Qué clase de compromisos epistémicos y políticos se abrían cuando la etnografía se hacía porosa a las prácticas que describía? ¿Qué podía significar “abrir” el código de la cultura académica? Prototyping se convirtió en el sitio donde ensayábamos respuestas provisionales, donde nos equivocábamos, donde dejábamos que las ideas madurasen o se desinflaran al aire libre.

Prototipar una investigación

Mirado en retrospectiva, es difícil no sentir un poquito de emoción ante la cantidad de cosas que pasaron por aquí. Quizá lo más útil sea trazar un mapa, aunque sea esquemático, de los proyectos que el blog fue albergando o documentando a lo largo de estos años.

Prototyping Cultures (noviembre de 2010) fue nuestra primer experimento: un congreso internacional en el que reunimos a Lucy Suchman, Fred Turner, George Marcus, Chris Kelty, Javier Lezaun, Alex Wilkie, Nerea Calvillo o Michael Guggenheim, entre otros, para pensar juntos sobre las culturas del prototipado, la ciencia do-it-yourself y el conocimiento beta. Kelty propuso entonces un experimento que resumía bien el espíritu de aquellos días: prototipar el prototipo, pedir a los ponentes que compartieran borradores de sus presentaciones antes de la conferencia para que fueran comentados y reelaborados colectivamente. El resultado fue un episodio publicado en el ARC Studio de Anthropology of the Contemporary. La conferencia se celebró entre el CSIC y Medialab-Prado, y fue, en cierto modo, el acta fundacional de todo lo que vino después. De todo ello, publicamos, también, un libro.

The City as an Open Interface (julio de 2012) fue el segundo congreso, esta vez centrado en la ciudad como problema. ¿Qué ocurre cuando los datos, los sensores, las cartografías críticas y las tecnologías de lo abierto reconfiguran la experiencia urbana? Invitamos a James Holston, Stephen Graham, Mike Crang, Ignacio Farías, Evelyn Ruppert, Hannah Knox, Maribel Casas-Cortés y Sebastián Cobarrubias, entre otros, a Medialab-Prado e Intermediae para dos días de discusión y reflexiones compartidas. Fue allí donde empezamos a barruntar una idea que luego resultaría central en nuestro trabajo: que la ciudad no es sólo un espacio atravesado por luchas y tensiones, sino un crisol donde vecinos, activistas y diversas organizaciones de base ensayan nuevos métodos y herramientas con los que hacer vivible una ciudad distinta.

El Estudio de Hackeos de la Academia que montamos con Antonio Lafuente en el CSIC entre 2012-2013 constó de dos temporadas. La primera, dedicada a la inventiva metodológica, trajo al seminario a colectivos como Squatting in Europe, MásterDIWO, Zuloark, Basurama, 15M.cc, Domenico di Siena y José Luis de Vicente: hackers, arquitectos, comisarios, periodistas y activistas que estaban transformando desde fuera los lugares, los métodos y los lenguajes de la investigación social. La premisa era radical y, vista hoy, sigue siendo necesaria: si todos producimos datos, analizamos evidencias y ensayamos teorías, la academia no puede presumir de hacerlo mejor que nadie; lo que sí puede hacer es abrirse a esa reflexión distribuida, hacerse partícipe de ella, y contribuir a desestabilizar la investigación desde sus propias controversias.

La Crítica a Paseo fue la segunda temporada del Estudio de Hackeos, y con ella salimos, literalmente, a la calle. Nos preguntamos por otras modalidades de crítica urbana distintas de las académicas: la Bici Crítica, los talleres de Todo por la Praxis, las derivas del Paseo de Jane, los proyectos de Agronautas, el Vivero de Iniciativas Ciudadanas, la Red de Huertos Urbanos. Lo que nos interesaba era una crítica que no operase mediante gestos de desenmascaramiento sino mediante ejercicios de composición colectiva. Una crítica que, en lugar de desvelar las estructuras últimas de la desigualdad, la injusticia o la lucha de clases, produjera conocimiento encarnado pedaleando, plantando, construyendo. Deambulamos por la ciudad —Intermediae, el Campo de Cebada, los huertos— y eso mismo, el deambular, se convirtió en método. Cerramos la temporada con Sacar la Crítica a Paseo, una exposición efímera y transeúnte organizada por lagaleriademagdalena.

Empiria Digital fue nuestra serie de seminarios de investigación social sobre Internet y las tecnologías digitales, organizada con Medialab-Prado y la Red de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología. Queríamos poner en valor el trabajo empírico —especialmente etnográfico— frente a los discursos especulativos y las generalizaciones voluntariosas que rodeaban todo lo que tenía que ver con “lo digital”.

Ciudad Escuela (2014) fue quizá el proyecto más ambicioso y el que más nos enseñó sobre lo que significaba trabajar con colectivos de verdad. Junto con Basurama, Zuloark, Domenico di Siena y Alfonso Sánchez Uzábal, formamos la plataforma 15Muebles y desarrollamos lo que llamamos la primera pedagogía urbana open-source: un intento de hacer visible la ciudad como escenario educativo, como aula abierta. Utilizando los Open Badges de Mozilla, diseñamos prototipos de aprendizaje asociados a iniciativas ciudadanas: huertos, solares autogestionados, hacklabs, asambleas. Ciudad Escuela se presentó en el Museo Reina Sofía en mayo de 2014, tras una residencia de investigación allí, y supuso para nosotros una inflexión importante: dejamos de hablar sobre los prototipos para meternos de lleno en su producción.

Y luego, por supuesto, estuvo el 15M. El blog se convirtió, durante las semanas y meses de mayo y junio de 2011, en un espacio de documentación frenética de lo que estaba pasando en las plazas. No fue un giro planificado; simplemente, la etnografía que habíamos empezado en Medialab-Prado se desbordó hacia las acampadas, las asambleas de barrio, las infraestructuras materiales de la ocupación. El 15M atravesó Prototyping y nos obligó a repensar casi todo: la relación entre lo digital y lo urbano, el sentido de la experimentación social, las formas de la participación, la naturaleza misma de lo político.

Madrid, a medias (2017-2018) fue el proyecto donde todo lo que habíamos ido pensando en el blog encontró una forma expositiva. Junto con Raquel Congosto, comisariamos para CentroCentro un ciclo de tres exposiciones que se proponía narrar la ciudad esperanzada, acogedora y jovial que se había puesto en pie durante una década de crisis e indignación (2007-2017). La primera muestra, El urbanismo libre, recorría las experiencias e iniciativas ciudadanas que contribuyeron a liberar la imaginación política de la ciudad, organizada en torno a cinco ejes —Airear la crisis, Alumbrar, Mobilizar (con b de mueble), Enredar, Curar y cuidar— que intentaban dar cuenta de las sensibilidades, dedicaciones y complicidades que se despliegan cuando nos hacemos cargo de nuestras ciudades. La segunda, Las ciudades manuales, se adentraba en el universo de archivos, estéticas documentales y tecnologías narrativas con los que colectivos ciudadanos habían relatado la ciudad. La tercera, Los aprendizajes solares, descubría las pedagogías ciudadanas nacidas en huertos y solares, plazas y asambleas: aprendizajes al sol que habían transformado el habitar urbano en una ciudad escuela. En cierto modo, Madrid, a medias fue la traducción expositiva de todo lo que Prototyping había ido registrando durante años: una ciudad hecha a medias, a varias manos, y a medio hacer.

La ciudad y la cultura libre

Todo ese trabajo fue sedimentando y encontró finalmente su forma más elaborada en el libro que publicamos en 2023, Free Culture and the City: Hackers, Commoners, and Neighbors in Madrid, 1997-2017. Un libro en el que, tras más de diez años de investigación, trazamos la historia del movimiento de la cultura libre en España: cómo las tecnologías, los argumentos legales y las herramientas pedagógicas diseñadas para defender las libertades digitales fueron inesperadamente reconvertidas, a lo largo de dos décadas, en diseños activistas contra el urbanismo de la austeridad.

Durante todo ese tiempo, el blog fue la infraestructura de pensamiento del libro. Aquí ensayamos las ideas de urbanismo libre y urbanismo intransitivo, aquí nos preguntamos por las materias del sentido, los bricolajes de aprendizaje y los climas de método. Conceptos que nacieron en posts tentativos, en reflexiones a medio cocinar, y que luego fueron madurando hasta encontrar su lugar en un argumento más largo.

De este viaje hay tres aprendizajes que nos gustaría recoger, dos sobre los modos de investigar y uno sobre la cultura libre.

Pensar al aire libre. Hoy las redes sociales lo inundan todo y los blogs han pasado a mejor vida. Pero conviene recordar que unos y otros medios tienen tiempos, exigencias y compromisos distintos. Nosotros aprendimos que un blog no es una forma menor de producción intelectual, ni un suplemento auxiliar o divulgador de la escritura académica, sino un espacio con sus propias temporalidades, sus propias obligaciones y sus propios riesgos. Escribir en público, antes de tener las ideas claras, exige una disciplina distinta de la escritura de un artículo o un libro. Es más parecido a pensar con las manos, como quien trabaja con arcilla y no sabe todavía qué forma tomará la pieza. O a pensar al aire libre, desde la vulnerabilidad e incertidumbre que entraña tomar la voz en la plaza pública.

Pensar desde la hospitalidad. Definimos originalmente Prototyping como un espacio sobre las culturas del prototipado y la experimentación social. Pero poco a poco, con el paso del tiempo, lo que acabamos haciendo fue experimentar con la hospitalidad: abrir el seminario a colectivos que no eran académicos, sacar la investigación a la calle, dejar que la etnografía fuera transformada por aquello que describía. Esa hospitalidad tecno-política de la que hablamos en nuestro primer artículo juntos —”Prototyping relationships: on techno-political hospitality”— resultó ser no solo nuestro objeto de estudio sino nuestra condición de trabajo. Pensar desde la hospitalidad obliga a revisar todos los supuestos de la investigación académica: para quién, cómo, dónde, cuándo y cómo trabajamos, escribimos y publicamos. Quizás esto explique por qué nuestra conversación y aprendizajes se han extendido a lo largo de dieciséis años. Como decían las asambleas del 15M, vamos despacio porque vamos lejos.

La cultura libre es más importante que nunca. Internet ha cambiado mucho desde que se abrió al público hace ya más de treinta años. Y no para bien. Hoy en día es casi imposible hacerse escuchar en la red si no es desde un medio o una plataforma privada. El espacio público digital está parcelado en plazas de acceso restringido y propietario, vigiladas siempre por actores cuyos intereses desconocemos. Pero no siempre fue así. Los que hemos habitado la red desde finales de los años 1990 hemos sido testigos del cercamiento progresivo del procomún digital que empezó siendo Internet. Y hemos participado, y perdido, las innumerables batallas que se dieron para resistir su privatización: desde el canon digital, a la Ley Sinde, pasando por el Digital Millenium Copyright Act (EEUU). También hemos sido testigos de pequeñas victorias — las licencias Creative Commons, Wikipedia o Internet Archive — que nos han enseñado que en Internet no es posible separar los contenidos de las tecnologías que los alojan, los contenedores. Si las tecnologías no son abiertas y para todos, acabarán canibalizándolo todo: los contenidos y las tecnologías que sí lo son. La explosión de la desinformación esta última década es prueba incontestable de ello. Y la llegada de la inteligencia artificial sólo viene a refrendarlo: nuevas tecnologías que se han devorado Internet entero sin dar cuenta a nadie. Sólo hay una respuesta posible: una apuesta radical por la cultura libre. Esto es: tecnologías libres, licencias libres, acceso libre.

Archivo

Cerramos el blog pero dejamos el archivo en pie. Quien quiera pasear por sus 23 páginas de entradas, sus categorías (15M, Hackacademia, Lab, Urbanismo, Procomún, Ciudad Escuela, Cultura Digital…) y sus etiquetas, puede hacerlo en la memoria digital de Archive.org y desde el cementerio de webs de Montera 34. Todo seguirá ahí, bajo licencia Creative Commons, como siempre ha estado.

Queremos dar las gracias a todas las personas que han pasado por aquí: las que vinieron a los seminarios, las que comentaron los posts, las que nos leyeron en silencio, las que nos invitaron a compartir estas reflexiones en otros lugares. Gracias a Antonio Lafuente, maestro del procomún. Gracias a los colectivos que se dejaron acompañar y que nos acompañaron a nosotros: Basurama, Zuloark, Todo por la Praxis, la Bici Crítica, la Red de Huertos Urbanos, el Vivero de Iniciativas Ciudadanas, Lagaleríademagdalena y tantos otros. Gracias a Medialab-Prado, anfitrión generoso e interlocutor imprescindible, y muy especialmente a Marcos García, por abrirnos las puertas y enseñarnos tantas cosas. Gracias a Intermediae, al Museo Reina Sofía, al CSIC, a las instituciones que hicieron posible la investigación. Gracias a Raquel Congosto, por ayudarnos a encontrar el tono que Madrid, a Medias necesitaba. Gracias a las compañeras y compañeros de las asambleas populares del 15M. Y gracias, también, a Madrid, por su vocación indestructible de ciudad solar.

Alberto Corsín Jiménez y Adolfo Estalella Madrid, marzo de 2026

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