Vergüenza y política

Hoy en uno de esos milagros de la lectura y la imaginación se me han cruzado Caro Baroja y Castoriadis… Nunca los hubiera imaginado juntos pero esta mañana he sido testigo de un fugaz y curioso encuentro.

Escribió Caro Baroja allá por 1964 un importante ensayo, ‘Honor y vergüenza’, que inauguró lo que en su día se llamó el ‘sistema de pensamiento’ mediterráneo. Decía Caro Baroja que la honra y el honor habían funcionado históricamente como marcadores de clase social, especialmente de la limpieza y pureza de sangre, y en este sentido del linaje, marcadores hoy ya muy diluidos si bien quizás todavía operantes en nuevas formas de honor burgués y en la fascinación por el dinero. (Creo que Caro Baroja se sonreiría al ver a nuestra casta política inflarse al dictado de la supuesta “honorabilidad” y “ejemplaridad” que unos y otros dicen ostentar y demostrar.)

El caso es que la contraparte del honor, su desgracia, es la vergüenza. Hemos hablado mucho de la ‘indignación’ de un tiempo atrás pero quizás sería conveniente pensar esta indignación desde la vergüenza.

La vergüenza que sentimos hacia los políticos corruptos nos deshonra a nosotros tanto como a ellos. Sentir pudor, avergonzarse y sentir, también, vergüenza ajena, no es otra cosa que intuir, pulsar, un marco de convivencia. Sentir vergüenza de nuestros políticos, por tanto, no vendría a ser otra cosa que sentir el colapso íntegro, el vaciamiento, de ese sistema de convivencia, en este caso, el sistema que nos hemos dado entre todos para la organización de lo público.

Y es en estas que me encuentro con un pasaje de Castoriadis en el que se para brevemente en la vergüenza como, justamente, vector constitutivo de lo político. Se pregunta así Castoriadis en La ciudad y las leyes qué distingue a un ciudadano responsable hoy, qué significa construir entre todos un espacio público. Y dice:

“¿Qué hace la gente con esos derechos [sus derechos políticos]? En ese nivel, los conceptos decisivos no dependen de la ley sino que conciernen al ethos de los ciudadanos, su comportamiento político. Cosas que Rousseau caracteriza en El Contrato Social con las palabras “coraje” y “vigilancia”, y Platón, aunque adversario de la democracia, denota en las Leyes con dos términos que son su complemento: aidós y aiskhyne, la vergüenza y el pudor. Por mi parte, agruparía de buena gana las cuatro bajo el término de responsabilidad. Sin ciudadanos responsables de sí mismos no sólo como individuos particulares sino, sobre todo, como miembros solidarios de su comunidad política, el espacio público se convierte en un espacio formal, se vacía de su sustancia para abandonarse a la publicidad, la mistificación y la pornografía, puesto que en eso estamos en las sociedades occidentales.” (La ciudad y las leyes, p. 147)

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